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domingo, 30 de octubre de 2011

Las predilecciones de Ethos: solución al problema del relativismo cultural.

Todos aquellos pueblos y gente que tienen tradiciones y prácticas locales dañinas, contrarias a los derechos humanos modernos, no son ni gente ni pueblos antiéticos. Tengo la necesidad de escribir en defensa de esta gente, y -un poco- contra el doble discurso de los deontologistas kantianos de los que está lleno al menos, mi país.

No se trata de conductas ni prácticas inmorales: hablo de oriente por poner el ejemplo, oriente y su trato hacia las mujeres. La filosofía ética universalista es igual de dañina que estas prácticas, y aún así nosotros le llamamos ética al mamarracho que hacemos y le pintamos una aureola. ¿Eso es ser ético? Que los musulmanes deberían ser como nosotros, los ciganos deberían ser como nosotros, los africanos son animales por esto de la ablación femenina y la mutilación genital... pero nuestra sociedad occidental es un encanto: tolerante, permisiva, obsequiosa. En especial con la disminución de esclavitud feminina clandestina en forma de trabajo asalariado de los últimos 200 años... cero, cero esclavitud femenina tenemos en América y Europa, pero si encuentran un sólo caso que objete esto por favor cállenselo, no vaya a ser que sea malo para la ética ser una sociedad con sentencias éticas incuestionables que no son ejecutadas al pie de la letra, y encima no ser reservados al respecto.


Todo lo contrario: esta gente es muy ética, tanto como nosotros, porque siguen las costumbres de su pueblo y ethos quiere decir precisamente eso: "costumbre". Acá podría empezar con eso de que incluso son más éticos que nosotros, porque al menos hacen lo que creen ético, pero me voy a limitar a igualar términos. Nosotros y ellos, somos todos éticos; sean nuestras ideas más empáticas o menos simpáticas, se trata de costumbres y con respecto a las costumbres de los demás nadie tiene una vara o una regla para hacer mediciones. Sea quien sea el agente ético aparentemente más acertado en sus maneras (cada uno pensará en sí mismo), no ético es quien se opone a las costumbres de su pueblo sean estas buenas o malas.

No existen las éticas universales, todos somos construcciones sociales en este planeta, no se puede juzgar la tradición moral de otros pueblos modernos acorde a la "ética", pero sí con el arma de la ciencia, el saber racional y lo sugerido por la información precisa que generan estos campos. Porque sabemos que la ablación femenina no trae ningún beneficio y que la discriminación de género no tiene excusa: pero acá surge otra duda, aunque la moral no pueda hacer nada con esto, y la evidencia afirme que son ritos funestos por deteriorar la dignidad de terceros ¿armamos una cruzada para cambiar a toda esta gente, o no? ¿Qué debería hacer un pueblo valiente, que tiene el poderío en manos para darle a quien lo desee el beneficio de la alternativa?

El relativismo cultural le ganó la partida a la vieja escuela de universalismo moral, pero que las gentes y los pueblos pueden ser virtuosos y éticos, autónomos, aún teniendo comportamientos infundamentados, dogmáticos, y hasta casi malignos que proceden de su tradición no debería ponerse en duda (puedo asegurar que toda esta gente se considera virtuosa y ética a sí misma, y nos consideran diferente a nosotros: no hay razón para pensar que no lo hacen, porque nosotros lo hacemos con ellos). 

Estas tradiciones que azotan al mundo están en oriente y occidente, y no son fruto más que de la ignorancia de verdades biológicas que nos ponen a todos al mismo nivel sea cual sea el orden narrativo al cuál pertenezcamos: hay gente muy ética, demasiado ética, pero con fuertes dogmas o creencias no fundamentadas, o al menos no más que por los propios placeres y conveniencias.

Si las creencias fundamentan las discusiones éticas, como la de si el aborto es o no es admisible; si la vida comienza en el embrión en estadío de blástula o en la gestación; si los judíos son o no son un mal global, entonces no se puede levantar una nación cuerda cuya legalidad se cimiente en las creencias y toda esa ética volatil.

Que la gente ética se encargue de debatir si a Dios le gustaría o no le gustaría tal o cual cosa. Pero cuando se trata de derechos humanos y problemáticas sociales, la ciencia debe primar, la evidencia debe primar, el realismo debe primar: la ética no hace más que entorpecer. Entorpece la autonomía de las personas, lo que cada uno quiere.

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