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jueves, 20 de octubre de 2011

¿Sos un ser social?

Las relaciones humanas son lo más perverso que existe. Cuando uno "se relaciona" cambia en pos del otro, ni siquiera se vende como una puta, sino que hace lo que una puta sabe jamás debe hacerse por el modus operandi in se de su trabajo: se regala.
Estoy dispuesto a asumir cualquier tipo de apuesta en defensa de esta tesis: por relacionarse, cualquier persona en esta existencia (más o menos persona, porque hay algunos que ni al status de "persona" se arriman, pero vamos a considerarlos "menos" aunque personas en fin) es capaz de dejar de ser lo que apenas es cuando se está sólo. Olvidarse de principios, del bien de uno mismo y del resto, y ser influenciado. Por todo esto, las relaciones claro que no son malas por propia naturaleza: todos estamos creados para recibir una influencia al fin y al cabo... de nuestra familia, de quien sea. Lo perverso es esgrimir cualquier clase de cosa como algo esencialmente bueno hasta el punto de hacerlo un juicio casi congénito y ni siquiera ser capaz de dudar de ello. Y ser social no es escencialmente bueno: ni a la mitad de eso se acerca. Menos que menos puede ser "bueno" definirse como un ser esencialmente social. Entraña bastante de perverso todo este aura que se le da a la vitae civilis y creo que, en el corazón del asunto, está esta ponderación mediocre del juicio del resto sobre lo que somos: parecemos perpetuos adolescentes neurotizados por nuestra imagen personal y por la necesidad de encajar. Qué mediocridad. ¿Qué clase de buen padre, de buena madre, le quita la posibilidad a sus hijos de dudar de algo?

Todo lo que es esgrimido como bueno o malo "por naturaleza" es un arma dialéctica que funciona como arma blanca. Que el humano ponga a las "relaciones" sobre un pedestal, que se sobrevalúe a la sociabilización hasta hacerlo un producto, un bien con un precio, y al que no todos pueden acceder: sino que hay condiciones y contratos. Que se exceda el valor del "formar parte" y se hable de su carácter netamente "integrador": qué mentira más grande, qué mentira atroz y destructiva. Parece sacado de un mundo furioso y animal que no lee entre lineas ni ve más allá de lo aparente, o que no quiere hacerlo. El hombre es un lobo para el hombre.
 
Cuando se tiene apegos incondicionales los errores se sobrellevan más fácilmente. Cuando se está solo se es más riguroso frente a los errores que se pueden cometer. Además, en serio: ¿vos sos incondicional a alguien? No es dificil extrapolar esto, ¿quién va a ser incondicional a nosotros?... la mayor parte del tiempo somos seres desagradables, estamos caracterizando al resto, evaluándole y extrayendo conclusiones sobre todos sin ninguna clase de respeto ni equidad. Pero bueno, solamente perpetuamos una mentira creyéndola.

Cuando se le quita sentido a la vida propia uno tiene que poner necesariamente todo ese sentido sobre sí mismo y sobre el propio trabajo, inventar ese sentido, ponerlo sobre lo que se piensa o quiere hacer. Inmediatamente uno está veinte pasos más cerca de la excelencia. No digo que la excelencia lo sea todo, pero no buscar ningún tipo de excelencia es ser un pasto.

Darle sentido a la vida por las relaciones, la familia, los nenes, la vida en conjunto, las actividades sociales, es darle alivio a la vida y no "sentido", concretando el contrato con la pasividad y el engaño más grande: que la vida ya tiene sentido y yo no necesito hacer nada. Darle alivio a la vida es no soportarla, ni comprometerse con la carga que incluye: es pura debilidad del hombre moderno y del de todas las edades que le anteceden a esta. No soportar a la vida pero no decirlo parece que es la filosofía de los felices. Limitarse a la companía de un ser humano es algo que deberían hacer tu perro o mi perro nomás.

Darle sentido a la vida porque "somos lo que somos por lo que somos en grupo" es creer que "hay un sentido del vivir" en la manada, por el otro y no por uno mismo, y ser evasivo con el hecho de que los sentidos de cualquier cosa son impuestos por nosotros mismos. Yo le digo no a todos esos antropólogos de pacotilla que en el siglo pasado pensaron y todavía piensan que el hombre es un ser social, y a todos los otros giles simples que ni se dan el trabajo de pensarlo y lo presumen indiscutiblemente, les deseo la permanencia en la mediocridad pero la suficiente inteligencia para llegado un día, ver esta mediocridad, y no ser capaces de superarla.

De todo esto deduzco que ser meramente "social" es faltarle el respeto al mundo y a uno mismo, además de quedar implícito que se tiene un coeficiente bastante mediocre por no saber dar (de vez en cuando) un paso al costado de las máximas del mundo con las que se nos crió.

Sí, todo me lo quitaréis, el laurel y la rosa. Lleváoslos, pero me queda una cosa que llevo. Y esta noche, cuando entre en la casa de Dios, brillará intensamente mientras diga mi adiós: algo que, inmaculado, meceré en un arrullo, y me lo llevaré para siempre; y es mi orgullo.


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