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domingo, 4 de diciembre de 2011

Los cuentos del Ilusionista: II.

Este ser, el Primogénito Gris le dicen, no reveló jamás su nombre. Han dicho algunos que es de todas formas impronunciable, así como el real de Yog Sothoth. Sea como sea, un antiguo pueblo lo apodó Shadü, que quiere decir -en su dialecto- el Gris Alto. Nosotros nos contentamos con denominarlo Mmúriam: el opresor.
Iä, ¿cuál es el significado de poseer el nombre? Entender a la cosa; y si conociéramos el nombre de tan malvado espectro las guerras alumbradas que estuvieron llenas de sangre no habrían ocurrido, y el pozo de los mil ojos no habría forjado para sí la corona metálica de un imperio falso. Poseer el nombre es poseer el poder, y éste es el cuento de muchos de los nombres que siguen siendo –que se desplazan de acá para allá, entre las puertas entre los espacios, intimidando a lo vivo-.
Vos que querés aprender la sabiduría de los seres ocultos a tu vista, y atravesar las avenidas de sombra que transcurren entre las estrellas, escuchá este canto de dolor que entonó el que pasó antes que vos sin ser visto, para que puedas seguir el canto de su voz por las arenas azotadas del yermo. La canción ha sido una desde el principio, y repetida por pocos peregrinos.
           Yog Sothoth se alegra de recibir a quienes interpretan la melodía efímera e iracunda de su mente; a quienes han sido capaces de evadir la mirada gigante de su astuto hijo. Con una sonrisa huesuda y gris los recibe, ofreciéndoles sus ojos de obsequio, y larga enseñanza: pero quienes fallan deben ceder, en cambio, sus ojos, para alimentar a su estómago y a sus jugos gástricos. ¿Dónde sucede la ceremonia? Quienes quieren saber deben llegar.   
Tú que quieres aprender la sabiduría, oye al silencio y encontrarás la canción: pero recuerda que todo aquel que entra en el espacio vacío va solo, aunque por donde vaya uno pueda seguirlo otro. Y el señor de los ojos negros, Shadü Mmúriam, no debe oír tus pasos ni descubrir tu nombre: ese sería el fin, ya que Shadü come más que el cuerpo y el alma. Él ha cautivado a muchos pueblos: su habla hipnotiza y esgrime un poder nocivo, tóxico, que aflora con cada palabra. Le ha sido fácil dirigir a diestra y siniestra toda civilización e individuo, no sólo a los Adä, los hombres de las tierras secas de los que tanto se habla hoy por hoy: incluso a seres de rango superior a birlado.
           Cuando tengas el nombre verdadero tendrás poder verdadero sobre aquello que nombras. Quiero saber si seguirás nombrandonos tan facilmente.

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