Datos personales

Mi foto
Bahía Gris. , Malos Aires., Argentina

jueves, 29 de diciembre de 2011

Que cuándo se es una cosa y no se es otra...

"Humano" es un concepto, con unidad y cohesión, pero no con autosuficiencia. En la naturaleza no hay un punto en el cual se empiece a ser humano. Ni a partir de la gestación (obvio, está más que claro que eso no es un humano: sólo no saber lo que es un embrión puede hacer que alguien sugiera que tal cosa es un humano)... ni de la segunda semana de desarrollo embrionario, de la tercera, o de la cuarta.

Y aún sí ¿cómo no llamar "humano" a lo que nace del vientre materno? Sin duda eso, ello, él, ella no está lo suficientemente imbuido por la cultura y las formas de nuestras sociedades para ser considerado un "humano" completo, acabado, entero. Podría ser considerado un "humano en potencia", pero ¿cuándo se empieza a ser un humano en potencia y se deja de ser un embrión, entonces? ¿Cuando se parece más el embrión a una persona y deja de parecerse a un roedor, a un anfibio, o a un organismo unicelular colonial?  Según Aristóteles duplicar los conceptos no soluciona el problema, sino que lo duplica.


Y nuevamente aún así, pese a los conceptos, a los problemas, y a sus soluciones, de alguna forma le asignamos el contenido del concepto a esa criatura que acaba de nacer, le llamamos humano, persona, aunque la misma embriología diga que el desarrollo de nuestro género -a diferencia de otros mamíferos- no culmina hasta varias semanas posteriormente de haber venido al mundo. Pero ese niño es un humano, claro que lo es, por el índole afectivo, por sus facciones, por su comportamiento, se nos sugiere que es un humano y qué horror pensar en que no se nos sugiriera así por el más feroz y fornido instinto animal que busca preservar a los nuestros.

Lo "humano" es una construcción cultural que ha cambiado a lo largo de la historia, y que depende de flujos antropológicos diversos: desde lo político y lo social hasta lo espiritual, la ética, la religión, la tradición y las costumbres de un pueblo o momento específico de un pueblo. No lo veo como una construcción social, sino cultural, y ahora voy a explicar por qué.
Si lo "humano" fuera una construcción social ese concepto sería lo mismo para todas las sociedades, y aquellos que hipotéticamente no pertenecieran a ninguna sociedad no podrían ser llamados humanos ¡pero a su manera claro que lo son! Están dentro del efectivo y racional espectro de lo que el humano puede ser. Y al definir un concepto definimos lo que este puede ser, no solamente lo que vemos que es en un momento o lugar específico.

Es coherente y necesario afirmar (derivando de lo anterior) que lo humano sin duda no es lo mismo para todas las sociedades: ningún concepto es universal ni es independiente de los juicios de valor de quienes los crean a sus anchas. No nacemos con conceptos grabados en el disco rígido, conceptos que preexistan a aquel que conceptualiza.

Si me confundiera con respecto a esto entonces lo "humano" no sería un concepto como lo entendemos nosotros, sino una verdad fraccionada de todo el contexto en el cuál aquello llamado "humano" se desarrolló, una verdad con autonomía de que exista o no lo humano, ¡ya que es independiente de nosotros! Es universal y se anticipa a nosotros, nos antecede, habiendo nacido por sí mismo el concepto y por este nosotros. ¡Qué gracioso pensar que pudiera existir algo así! Como creer que puede andar por ahí un hijo sin padres, nacido de, vaya a saberse, carne en descomposición, de un pozo en la tierra, de la nada, o de una mujer virgen.

Pensar así no es tan diferente de pensar como los creacionistas del medioevo, o los defensores de la generación espontánea en el siglo XVI. Y pensar en términos de "lo humano" sin analizar el lenguaje (que es lo único que debe ser analizado... no si en realidad existe una brecha entre lo humano y lo casi humano) es quedarse en la bobería y la mediocridad del adocenado. Es discutir fuera del ámbito de la razón y por ende, no es válido, ni imparcial, es más bien característico de alguien menos que un cuarto de poco brillante.

Si lo humano fuera universal, habría sido lo mismo durante todas las épocas y no solamente en todas las sociedades, y sin duda no lo fue no solamente en todas las sociedades, sino menos en todas las épocas. Desde la prehistoria hasta hoy cambió infinidad de veces, y no solamente en la prehistoria. Suponiendo que el lenguaje, la memoria, y el dominio del entorno gracias al pulgar oponible más el lenguaje y la memoria, no se hubieran desarrollado hasta el punto en el que lo hicieron en nuestros antepasados, y que nuestro límite hubiese sido afilar piedras en una cueva húmeda para cazar y haber descubierto el fuego (que eso ya es mucho, denle), entonces esa habría sido la definición que le hubiera quedado a lo "humano". Esos mismos seres se habrían "definido" como "lo humano", seguro en otros términos, seguro con otras formas, estando esas maneras fuera de nuestra imaginación del hoy por hoy: pero sabemos que nos sentíamos diferentes al resto de las cosas y esa autopercepción es más que suficiente... aquello que se distinguía por atributo como se distingue el ser humano hubiese sido lo suficientemente válido y de ninguna forma se puede considerar a tal concepto como una construcción social: la sociedad es la vinculación inevitable fuera del tejido cultural de cada una de las partes. La cultura de los homínidos habría acarreado un concepto de lo que nosotros llamamos "lo humano": los factores que nos hacen distintivos y nos hacen diferir del resto de las especies.

No siempre se pueden definir conocimientos racionales, válidos y objetivos a través de conceptos usuales y usos del lenguaje que aparentan universalidad, el pensar en determinadas verdades del mundo (como cuándo se empieza a ser humano y cuándo no: si un embrión es humano o si no lo es, si un feto es humano o no lo es), no se puede pensar en los términos que se nos canten, o se le canten a la gente que creo los términos. Una cosa son las cosas y otra el nombre que nosotros les ponemos.

Ante conflictos sociales como la descriminalización del aborto, estas conceptualizaciones sugeridas por la tradición, el uso de la lengua, y las costumbres, no llevan a absolutamente nada. La ciencia tampoco tiene nada que hacer: no puede decir cuándo comenzamos a ser humanos porque ese momento no existe más allá de las preferencias de cada institución. El pronunciamiento de la ciencia es otro, y es claro: a determinados problemas de índole social la fórmula para solucionarlos está en la observación de las sociedades, sus condiciones de vida, sus condiciones de muerte, y lo que se puede hacer para mejorarlas.

Lo que hace válida a una decisión del tipo social es la aspiración a tomarla en un contexto de la mayor racionalidad posible, conociendo las consecuencias de las decisiones, y todas estas soportadas siempre por el respeto a los principios básicos: la autonomía de un individuo, la beneficiencia y la no maleficiencia de lo que la experiencia y el raciocinio puedan decir que es benéfico o no maléfico. Todo esto, fuera de lo que unos pocos o una mayoría llegue creer que es correcto, por creencia nomás y nada más que creencia.

No hay comentarios:

Publicar un comentario